viernes, 23 de junio de 2006

COCA KILLS CREATIVE PEOPPLE STAR

Es increíble como la cocaína se ha introducido en la noche, en la vida, en las fosas nasales de mogollón de gente en los útimos años. Hace 15 años (joder, qué vieja me siento! llevo más de 15 años saliendo de marcha!!!) era algo restringido. Se decía que a la gente pudiente, pero esa ha sido la mejor campaña para expandirse y alcanzar popularidad, Es cara, sí. ero eso no garantiza que sea buena. Es como la ropa de Scooter. Es mona, y es cara, pero la calidad es como HM. Pues lo mismo.
Al grito de "farlopa pa la tropa" se ha ido popularizando una droga absurdísima... Supongo que -como todo- en ocasiones determinadas tendrá su sentido: tal vez masticada en Colombia para tener experiencias extrasensoriales; tal vez como anestésico psicológico ocasional; tal vez como euforizante en una sesión del Congreso de los diputados... Pero no entiendo -ni apruebo- el uso mercantilista y absurdo de la coca los fines de semana en España. Si un consumidor habitual hace la prueba de no aspirar el polvo colombiano una noche en que sus colegas sí lo hacen, flipa de verdad: qué poca gracia, qué pesaditos y repetitivos son todos, qué caras de imbéciles que se les ponen, qué pena, asco y miedo que dan...
De verdad que la coca es puro márketing.
Y aquí alguno me dirá que no he probado coca "buena" de verdad... Lo cierto es que de pureza colombiana no, pero lo que se mete la gente en España (que es mucho en cantidad) encima es malo en cuanto a la calidad. Como mujer interesada en estos temas que soy, he hecho mis catas personales, y sí, reconozco que los efectos de alguna mercancía son más fuertes que otras, pero ni siquiera mejores.
Es tan cutre el globo que te pillas, tan caro y genera tal ansiedad de consumo (básicamente se "vende" fenomenal por esto), que mi veredicto es "SÍ A LAS DROGAS; NO A LA COCA"
Lo dice Diana Aller

mi parto (2ª PARTE)

...Tras unas horitas más retorciéndome de dolor, entró una persona -quiero pensar que enfermera, y no una degenerada que pasaba por allí- y ¡sorpresa! No introdujo sus dedos en mi anatomía! Me giró en la cama y me dijo "Te voy a poner un enema, no te preocupes"... ¿Que no me preocupara? De pronto noto algo helado y acuoso en mi ano (una sensación nada agradable, la verdad) y en cuanto la mujer cerró la puerta, me levanté con absurdo cinturón de monitorización, mi camisón transparente con el culo al aire y mis 30 kilos de más hacia el vater, donde solté un alto porcentaje de mi alimentación en los últimos 20 años. Y yo allí expulsando, gritando de dolor a mi pareja que no quería que me viese ni me recordase en ese lamentable estado de vejación. Debí adelgazar 7 kilos. Teniendo en cuenta que era verano y no me dejaban comer ni beber, el nivel de deshidratación era considerable...
Al comentarlo con el siguiente enfermero, me pusieron un suero por la vena y arreglado.
Al poco me bajaron a poner la epidural. Yo pensé que sería un alivio... Que va: Primero tienen que pinchar (¡entre 2 vértebras!) en la espalda para dormirtela, y después dejan un goteo puesto con la famosa epidural (que encima se me infectó) colgando de la espalda. La mujer que me administró las inyecciones me pidió que me sentara en una camilla. Me colgaban las piernas y se me veía el culo. Parecía un grotesco muñeco de un ventríluoco.
Con tanta medicalización, aparte de parecer robocop (cables saliendo por todo mi cuerpo!) pero en plan muñeco de nieve gordo, me destemplé muchísimo y no podía parar de tiritar. Se me durmieron las piernas, pero las notaba como carne muerta. Es una de las sensaciones más desagradables que puedas imaginar.
A las pocas horas (y unos cuantos tocamientos vaginales más tarde, -a los que yo me defendía inutilmente diciendo que iba a ser una cesárea-) llegó un enfermero a recogerme, y me llevó al quirófano.
Yo me había grabado un cd con canciones jipis, para que fuera lo primero que escuchara mi hijo al nacer, pero ni me atreví a pedir permiso.
Entré sola (mi marido se quedó en la habitación) y allí había 6 ó 7 personas que ni me saludaron, con una radio puesta donde sonaba M80. Entre ellos hablaban de avales e hipotecas, y sólo de vez en cuando me decían "¿notas algo?" "¿notas si el agua está fría o caliente?"
He de decir que tenía puestos una especie de "grilletes" en muñecas y tobillos, sumados a toda la parafernalia de turcas, turbinas y motores que salían de mí y una decorosa lona verde delante de mi cara para "que no viera nada"... ¡Qué detalle!
Me afeitaron la mitad del pubis. La mitad, qué gilipollez, me abrieron la tripa, mientras yo notaba los cortes de las distintas capas, y notaba como tiraban del cuerpecito de mi niño, mientras decían "sólo queda la cabeza!". Al sacarla sonó un "flop!" como de vacío. Sonaba en M80 "Dignity" de Deacon Blue. Añadieron más sedantes a los que ya circulaban por mi cuerpo, escuché el llanto del bebé a lo lejos y lo siguiente que recuerdo es despertarme en una camilla tirada en un pasillo.
Apenas tenía fuerzas para hablar, y seguía tiritando. Cada vez que pasaba alguien por allí pedía que me llevaran con mi hijo, que quería conocerlo... Y me contestaban que en un rato, que ahora era el cambio de turno de los camilleros.
El milagro de todo esto es que yo no tengo un trauma de dimensiones colosales.
Por eso, cuando veo a las chicas del Ladyfest, reivindicando gilipolleces (que no se sienten representadas en el mundo de la música underground), me dan ganas de decirles "pues es tan fácil como sentirte representada. ¿Porqué no luchas por un sistema sanitario lógico, natural, femenino? Pues eso...

Lo dice Diana Aller

martes, 20 de junio de 2006

mi parto (1ª PARTE)

Estoy llamando a la Clínica Acuario, donde creo que nacerá mi segundo hijo. Tengo mis reticencias con eso de tener un hijo valenciano, pero es vergonzoso que, con lo bien que funciona el sistema sanitario en España, nacer pueda convertirse en un trauma tan grande.
Trauma para la madre y el/la recién nacido/a.
Lo he comentado con varias amigas madres -conozco muy pocas, la verdad- y tengo la sensación de que la mitad son conscientes de la mercantilización de la carne en esos momentos, mientras que la otra mitad "anestesiadas" por la felicidad de una nueva vida olvidan el trato tan vejatorio al que son sometidas.
Las mujeres son despojadas de su autonomía, de su capacidad de decisión, y lo que es más grave: se ignora el conocimiento innato de la mujer sobre la naturaleza; algo que roza lo paranormal, y pendiente de explorar por la ciencia (desde los ciclos menstruales al unísono con la luna y las mareas, hasta la capacidad de dividir el cerebro y realizar 3 ó 4 tareas a la vez).
Se utilizan técnicas MUY invasivas, se agrede y mutila el cuerpo de la mujer y se la "pueriliza" constantemente, dando por hecho que no es ella la dueña de su cuerpo, de sus sensaciones...
Una conocida me llegó a contar que se sentía "como una puta" en los momentos previos al parto: Un montón de desconocidos invadiendo su cuerpo constantemente...
Mi experiencia resulta incluso divertida cuando la cuento, pero en absoluto lo fue.
Tenía programada una cesárea para el lunes, porque el niño venía de nalgas. El domingo anterior me puse de parto (¿Decidió el niño salir antes de que lo sacaran?; ¿reaccionó mi cuerpo?...) El caso que me fui a la clínica unas horas después de haber roto aguas. Durante toda la tarde pensé que me había meado. No sabía que "romper aguas" era algo tan literal.
Empecé a tener contracciones en cuanto llegué al hospital y una amable matrona de guardia me tumbó en una camilla de un quirófano para explorarme. La exploración que se repetiría cada poco tiempo consiste en intoducir dos dedos (bueno, por cómo notaba las cosas, deduzco que eran dos, tampoco he practicado mucho en eso de "adivina cuantos dedos tienes en el coño") en el orificio vaginal.
Con esta evolucionada práctica, al parecer se deducen muchas cosas: dilatación, tiempo que queda antes del parto, y seguro que tu signo del zodiaco o tu cuenta bancaria, porque como digo la penetración de dedos de distinta gente en mi coño fue constante.
El quirófano era de película de terror, baldas sucias de cristal, una papelera oxidada y una bombilla sin lámpara colgando del techo.
Me llevaron a mi habitación, y me dieron uno de esos absurdos camisón-bata como de papel, semitransparente y con el culo al aire, para que me lo pusiera. Teniendo en cuenta que había engordado 30 kilos en el embarazo, es fácil hacerse una idea de lo bien que me sentaba la prenda en cuestión. Las contracciones eran cada vez más dolorosas. Me intentaba acordar de las respiraciones que había aprendido en las clases de preparación al parto, y las intentaba hacer, pero el alivio a penas se notaba. Supongo que no hay mucha diferencia en una escala de dolor del 1 al mil entre mil y 1001 ¿no? En un momento dado vino alguién (otro personaje de los que sin presentarse ni nada introducía los dedos en mi interior y opinaba sobre el diámetro de mi orificio vaginal) y me "monitorizó", que no es que te enganchen a un motor (ojalá); sinó que te ponen un cinturón con un aparatito que mide el corazón del bebé y las contracciones. Como yo pensaba que con la palabra mágica "Epidural" se pasaban todos los males del mundo en aquel momento, comencé a pedirla con una sonrisa y después a grito pelado... Cada vez que entraba alguien en la habitación a testar la dilatación de mi vagina (a lo que yo respondía: "¡Pero si va a ser cesárea!") empecé a gritar ¡Epidural!¡Epidural! Y me decían con los dedos en mi coño "Todavía te queda un rato..."
Yo no lo sabía, pero resulta que hay que poner la famosa epidural con pocas horas de antelación.

jueves, 1 de junio de 2006

ACTO INAUGURAL

Hoy comienza esto, que no es un blog como tal, porque creo que no contaré mi vida, sino lo que me inspiran las cosas que me circundan.
Sean todos bienvenidos