miércoles, 5 de abril de 2017

NO SÉ COMO TITULAR ESTO


Hay secretos que permanecerán enterrados en la noche de los tiempos (¡qué expresión tan tremenda, por cierto!) y que jamás serán revelados. Yo, como seguro que como ustedes tengo gusto por alguna costumbre zafia (petarme espinillas, sacarme mocos contundentes, esas cosas...). También he vivido grandes y portentosos amores prohibidos (con mujeres, o menores, o tullidos de Guinea Ecuatorial... algo prohibido y extremadamente placentero) y he hecho cosas horribles (denunciar a un inocente, inducir al suicidio a alguien, pegar a un niño o reírme con los chistes de Arévalo). Y eso, queridos todos, es la sal de la vida, los errores, lo que no se cuenta, lo que sucede tras el telón... Eso es la vida misma.


No sé si se trasluce en mis textos, pero a partir de 2014 le empecé coger el tranquillo a la vida y desde entonces soy insultantemente feliz. Los traspiés son meras piedrecitas del camino y el miedo ha mermado hasta desaparecer. Y me quiero y me perdono. (No en vano estoy casada conmigo misma y me debo un respeto).

La semana pasada uno de mis hijos estuvo ingresado en un hospital. Sentí todo el peso y la responsabilidad de la maternidad. El horror de la flaqueza infantil... Hasta que me di de bruces con un montón de niños y dolencias que compartían espacio y tiempo con mi primogénito. Ahí en el hospital Niño Jesús, hay críos de 5 añitos pálidos y ojerosos que huelen a muerte. Niñas que apenas saben andar, pero portan con dignidad bolsas con su estómago y su aparato excretor al aire. Muchos no tienen pelo ni cejas, pero sonríen, aun intuyendo que la vida se les niega y acaba. Había un chico con la cabeza seccionada de la que le emanaban cables de colores, porque su cerebro cortocircuitaba. Y una niña morenita y vivaracha, vestida de Elsa, de Frozen, sobre el pijama, que con apenas 7 años, ya llevaba 1 de descuento y vida regalada. Sus padres eran conscientes de que era cuestión de meses o tal vez días lo que le faltaba de existencia y le sonreían sin parar para dignificarla.


Con ese panorama y tantas horas muertas, me dediqué a mirar el Facebook y leer artículos enlazados de forma compulsiva. Y la humanidad me pareció injusta y despreciable cada vez que alguien se quejaba de un atasco o de que se le había roto la pantalla del iPhone. Levantaba la vista y veía ese panorama de injusticia, betadine y dolor, y la civilización me parecía soberbia, cutre y regresiva.
Pero también veía ansias de superación, chistes, vídeos de perritos simpáticos y gente comprometida con causas ajenas. Y entonces respiraba aliviada, miraba a esos niños que tal vez en unas semanas ya no estén en el mundo y pensaba "Menos mal".


La vida es un regalo, y no aprovecharla es una majadería.

Esos secretos maravillosos que conforman nuestro carácter, ese amor pendiente de ofrecer y toda la solidaridad que somos capaces de regalar... Toda esa energía debe fluir hacia fuera. Hagamos canciones, demos abrazos, escuchemos y amemos. Y aprendamos a perdonarnos. Nada es tan grave.



Mi hijo ya está bien y en casa. Yo me he propuesto disfrutar más (más todavía) y hacer que los demás gocen más (mucho más). En la medida en que pueda.
Por lo pronto ahora estoy un tanto beoda, con esa infalible clarividencia que da el alcohol al llegar al torrente sanguíneo, tras una noche y madrugada grata y musical. (Gracias Victor por el karaoke y la cerveza).

Y si de algo me alegro, sépanlo todos, es de vivir y haber vivido. De darlo todo a cada momento. Ojalá ustedes encuentren el arrojo necesario para decirle a esa persona lo que sienten por ella, o despedirse de ese trabajo alienante y empobrecedor para afrontar nuevos retos profesionales. Ojalá gocen de cada momento con la conciencia de que puede ser su penúltimo día en la Tierra. Ojalá que no contagien su frustración por naderías.

Y bueno, antes de arrepentirme de darle al botón naranja de "Publicar" en mi estado de embriaguez y gracia, les invito a dos próximas citas muy recomendables en Madrid, para celebrar la vida conmigo si lo desean:

- El jueves 6 (¡mañana!) estaré acompañando a Ana Elena Pena en La Central, a eso de las 19:00 que presenta un libro "Como salir ilesa de una misma" que he prologado con gusto y honor. (Aquí el evento de Facebook). Y aquí una charleta que hemos tenido Ana Elena y yo.

- El sábado 8 estaré presentando una película bastante desgarradora de Fernando Fernán Gómez, que se llama "El Mundo Sigue", también a las 19:00 en la sala Berlanga. Tras la proyección habrá una amable charla muy participativa, en la que me encantaría escuchar sus opiniones y donde yo daré las mías. Cuesta 3€ y les juro que merece mucho la pena. (Aquí la info del ciclo, que se llama "Marujas" y está coordinado por Laura Freixas).


Cuando algo me parece triste o injusto, pienso en Chiquito de la Calzada, en que no sé qué hizo Tito Valverde después de El Comisario, en que Pasapalabra es aburrido y lleva siglos en emisión, en que siempre hay esperanza. Pienso en queso curado, en tortilla de patata, en amantes que follan con brío, en que ya anochece una hora más tarde y salimos sin cazadora a la calle. Pienso en el extraño amor a los sobrinos, en olores evocadores de infancias felices y en alpargatas de tela. En tomar un zumo fresquito, pasear por gusto, empezar una relación, pizza del día anterior, oler un bebé, reír por tonterías, películas de Fernando Colomo de los 80, sintetizadores, unicornios, olor a farmacia, mermelada de piña, la voz de Marta Fernández Muro, despertarse y comprobar que quedan 6 horas de sueño por delante y seguir durmiendo, escuchar a los Beach Boys en el coche, bostezar abriendo mucho la boca,  deleitarse en una masturbación inspirada, brindar, ligar en un bar oscuro, gozar de nuestros inconfesables secretos, cantar en la ducha, comprobar que la inteligencia y la belleza están sobrevaloradas y lo importante en la vida es tener pelazo (o lo que sea que es importante para usted)...
Disfrutemos. Sin parar. Por favor.

(He seleccionado plantas y flores frescas que he seleccionado sólo por sus vivos colores para amenizar el texto)

Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

Rosa Martí dijo...

Genial!

Diana Morán dijo...

Brava!!!! Me alegro que tu hijo este bien ya. Estuve muchos años trabajando allí, tuve que cambiar de profesión , aparte de vocación se me hizo insoportable acompañar tan de seguido y tan implicada en ese sufrimiento.

Fernando Bside dijo...

Me parece un texto muy sincero, digno de enmarcar. A veces nos pasamos la vida pensando en el "Y si", en los errores y flagelándonos sin motivo alguno cuando justamente son esos momentos los que nos han hecho mejorar posteriormente.

Me parece brutal. Gracias.